El equipo del estudio trabajando junto alrededor de la mesa.

Cuando una empresa dice que es cercana, normalmente no dice nada. Todo el mundo lo dice. La palabra ya no informa.

Hay una manera mejor de explicarlo, y es responder tres preguntas muy concretas: quién responde el teléfono, quién entra en la reunión y quién acaba haciendo el trabajo. Si las tres respuestas son personas diferentes y ninguna de ellas es la que te vendió el proyecto, «proximidad» era una palabra de catálogo.

Quién hay

A día de hoy el equipo es de cinco personas.

Rafel Codina — Creative Director

Fundador del estudio y responsable de dirección creativa. Joyero de formación, veinte años de sector textil antes de montar la casa y, desde 2005, el criterio que sostiene el conjunto.

Rafel Jr. Codina — UX/UI · Tech Expert

Viene de Ingeniería en Sistemas Audiovisuales y lleva la vertiente tecnológica: UX/UI, diseño y desarrollo web.

Laura Codina — Branding Specialist

Lidera la creación y el desarrollo de marcas y tiene un papel central en la gestión y el contacto con el cliente. Viene de Ingeniería de Diseño Industrial y Desarrollo de Producto y de Ingeniería Mecánica, y trabaja también con 3D.

Migue Pérez — Filmmaker & Photo

Responsable principal de fotografía y videografía dentro del servicio de media.

Rafa Moreno — Graphic Designer

Trabaja en diseño gráfico y branding con Laura y el resto del equipo creativo.

Los cinco retratos del equipo de codina*studio, uno junto a otro.

Qué cambia cuando sois cinco

La dimensión reducida y estable no es una limitación que se intenta disimular. Es parte de la propuesta.

El proyecto no va saltando entre personas desconocidas. La relación es directa con quien piensa y ejecuta el trabajo.

Hay tres consecuencias muy concretas y todas tienen que ver con información que no se pierde.

No hay traducción interna

Lo que el cliente explica en el workshop lo escucha directamente quien después diseñará, programará o fotografiará. No hay un documento intermedio que pierda los matices por el camino.

La memoria del proyecto es la misma

Dos años después, cuando hay que tocar algo, hay alguien que recuerda por qué se tomó aquella decisión. En estructuras grandes, esa memoria suele irse con quien llevó la cuenta.

La responsabilidad es visible

Con un equipo creativo en el Maresme de este tamaño, nadie puede esconder un trabajo mal hecho detrás de un departamento. Eso disciplina más que cualquier proceso de calidad.

Una reunión del estudio con todo el mundo presente, sin mirar a cámara.

Dos generaciones, un solo criterio

Tres de las cinco personas llevan el mismo apellido, y eso introduce una dinámica que no existe en un equipo convencional: se discute diferente, se discrepa diferente y se lleva el trabajo a casa de otra manera.

La fórmula que usamos públicamente es que una generación aporta madurez estratégica y la otra frescura digital. Es cierta, pero simplifica. La segunda generación no ha sustituido a la primera: le ha ampliado el terreno. Rafel hijo añadió la capa tecnológica; Laura consolidó y lideró el branding y la relación con el cliente; el fundador sigue aportando dirección creativa, oficio y cultura de marca.

Vale la pena decir también que dos generaciones trabajando juntas no es automáticamente una virtud. Puede ser un problema si la primera no cede decisiones o si la segunda espera que le lleguen sin ganárselas. Lo que lo hace funcionar no es el parentesco: es que cada uno tenga un terreno donde su palabra pesa más, y que el resto lo acepte sin tenerlo que discutir cada vez.

Los límites, que también existen

Sería fácil acabar aquí y dejar la sensación de que un equipo pequeño solo tiene ventajas. No es verdad, y vale más decirlo antes de que lo descubra un cliente a media faena.

Cinco personas no pueden atender un número ilimitado de proyectos a la vez. Hay momentos en que la respuesta honesta a un encargo es una fecha más lejana de la que el cliente querría, o directamente un no. Un estudio de este tamaño que promete disponibilidad inmediata permanente está prometiendo algo que tendrá que romper.

Tampoco cubre cualquier especialidad imaginable. Hay piezas muy concretas que se resuelven con colaboradores de confianza, y el criterio es sencillo: quien entra lo hace bajo la misma dirección, no como un trozo de proyecto subcontratado que vuelve sin contexto.

Un último matiz, por honestidad: cinco es el número de hoy. Es una expresión de voluntad y de estabilidad, no una promesa contractual. Lo que sí es una decisión es el modelo: un equipo donde el cliente habla con quien hace el trabajo.

Una reunión cualquiera, con todo el mundo presente.

De cómo se trabaja con este equipo una vez empieza el proyecto, hablamos en No cortar las alas. Y de las dos tradiciones que conviven en la misma planta, en Manos y pantallas.